Mi crítica de La Distancia, producción de Bancantes Teatro

Contar el argumento de la última obra de teatro que he visto, La Distancia, en unos pocos párrafos es una tarea complicada, además de innecesaria. Os puedo decir que la obra va sobre la difícil relación entre las madres y sus retoños, y serviría como resumen. También os puedo contar que es una historia de terror sobre supersticiones y  transmigración de almas, y sería una correcta sinopsis. O puedo ir más allá, y contaros que se trata de una pesadilla agro tóxica que habla sobre la transformación de los verdes campos de cultivo de soja en campos de exterminio, y tampoco estaría diciendo algo que no es.  

Lo mejor de todo es que Pablo Messiez  con Bacantes Teatro y tres actrices y un actor, han sabido contar en poco más de una hora la historia más fuerte e impactante que he visto últimamente en teatro. Hacía mucho tiempo que no sufría tanto viendo una representación. El sufrimiento empieza con la actuación de los dos narradores que dan paso a esta historia: Amanda (María Morales), la madre de Nina, y un niño llamado David (Fernando Delgado), el hijo de Carla


Ambos viven en un pueblo con campos de soja, caballos de carreras y supersticiones. El niño sabe que hay un tema al que Amanda debe llegar sola para “darse cuenta de lo importante”, y para eso deberá repasar con todo lujo de detalles todo lo que sucedió en los últimos días, aun siendo presa de un futuro ya irremediable. Amanda tendrá entonces que contar y ordenar todo lo sucedido, porque todo lo que ella cuente es de vital importancia y el niño no para de martillear con sus preguntas: ¿Cuándo empezaste a medir esa distancia de rescate?¿Qué pasa en ese mismísimo momento?¿Qué se siente ahora, exactamente ahora?...

El título, La Distancia, es aclarado desde el principio por la propia Amanda: “yo siempre pienso en el peor de los casos. Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la piscina y se tirara. Lo llamo distancia de rescate, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería”.

Me ha encantado la excelente adaptación que el director ha hecho de la novela de Samanta Schweblin, “La distancia de rescate”, porque al salir del teatro he sentido la misma sensación de desazón que sentí cuando terminé el libro, pero multiplicada por cien. Los actores consiguen emocionar desde el primer momento, con esa Luz Valdenebro (Carla) sufriente y perdida desde el principio hasta el final, esa María Morales postrada y desesperada, ese Fernando Delgado pequeñito y “raro” y esa Estefanía de los Santos (Nina) que es una y son muchas y te deja con el corazón en un puño. Acompañado todo por una iluminación que duele y que es otra protagonista más de la historia y por la magistral dirección de actores de Pablo Messiez, esa historia pequeñita de la novela se convierte en una obra de teatro que, todo lo que tiene de pequeñita en duración, lo tiene de grande en poética y en transcendental.

Durante toda la representación somos guiados a ciegas por un personaje que ignora la magnitud de lo que está ocurriendo y otro que sí lo sabe, y eso ya de por si es escalofriante. Y durante esta conversación entre Amanda y David, nos cuentan qué pasa con Carla y con Nina, esa Nina que pone el broche final, un broche que aprieta tanto que te deja con un nudo en la garganta y una puñalada en el corazón.  

LO MEJOR: Las interpretaciones, que son todas de diez.

LO PEOR: Que solo podemos disfrutar de La Distancia durante ocho días.

La Distancia es una producción de Bacantes Teatro que puede verse en el Teatro Kamikaze de Madrid desde el 1 de noviembre de 2016.


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