Elisa y Marcela, una boda entre mujeres en 1901
Parece mentira que una aldea celta albergue la historia del que fue el primer matrimonio homosexual en España, más de 100 años antes de que la ley lo permitiera. Si pinchas en Google Earth y buscas el pueblo de Dumbría, población coruñesa donde en 1901 residían Elisa y Marcela, verás que todo sigue más o menos igual: un pueblo de esos de carretera, con casitas antiguas y vida tranquila, con la monotonía que dan la paz y el silencio de la vida en la aldea. Muchas veces damos por hecho que los hechos de gran trascendencia histórica acontecen en grandes núcleos urbanos, y es por eso que resulta sorprendente que una aldea celta fuera el paisaje sin incidentes para la historia de amor entre Elisa y Marcela, dos pioneras que cien años antes que la ley lo permitiera decidieron casarse para así adaptarse a la normalidad de su época.
En la primavera de 1901 los acontecimientos se precipitaron. Las enamoradas discutieron y Elisa terminó la relación y se largó del pueblo con el propósito de trasladarse a La Habana. Se enteró todo el pueblo y dio mucho que hablar. Al poco tiempo apareció en escena el primo de Elisa, Mario, con el que Marcela confirmó a los vecinos que se casaría. Curiosamente este primo se parecía mucho físicamente a su pariente, incluso en la voz y los ademanes. Tanto se parecía que parecía más un gemelo que un primo…
La boda fue el 8 de junio de 1901, sábado, a primera hora de la mañana. Tan ingenuas ellas, pensaron que todo se había acabado. Que iban a poder vivir felices para siempre, sin habladurías ni desprecios.
Pero, tristemente, la jugada no salió bien. Los vecinos, mientras ellas se encontraban en pleno viaje de novias en Oporto, filtraron la noticia a la prensa, que tardó tanto como ellas tardaron en volver del viaje en decidirse a publicar tan polémica nota en sus páginas. Se dijeron grandes barbaridades. Y se aseguraron aparentes verdades absolutas, dogmas incongruentes que quizás dolieran aún más que las mentiras.
Esta fue la nota que publicó el diario La Voz el 24 de junio de 1901: “Para terminar, creemos que tanto Mario-Elisa como Marcela son dos enfermas, cuya neuropatía no castigan los códigos, pero que tienen un departamento a ocupar en el Manicomio de Conjo, en donde quizás no logren ser curadas, pero si estudiadas por el sabio Sánchez Freire, y por lo menos allí recluidas evitaremos que se propague su enfermedad, que suele ser contagiosa por el ejemplo, y que por fortuna en nuestras provincias gallegas no sólo no abunda, sino que es rarísima.”
Y así fue como, por amar a quien no debía, Marcela fue expedientada e inhabilitada para la enseñanza, el oficio que tanto amaba y que le había dado la vida todos aquellos años. También por amar a quien no debía, Elisa (Mario) fue asaltada una noche, cuando ya su historia daba que hablar a todo el país, en su propia casa, por los rapaces del pueblo que, heridos en su masculinidad al saberla viviendo en Dumbría, quisieron violarla.
A la desesperada, Elisa intentó demostrar un hermafroditismo que no era real pero que le hubiera dado un razonamiento científico al pecado que se le atribuía, para así amainar la dureza del curso de los acontecimientos. Pero fue inútil, la cosa siguió de mal en peor.
Por amar a quien no debían, Marcela y Elisa tuvieron que huir, si bien aquello tampoco arregló demasiado las cosas. Se establecieron primero en Oporto, donde fueron arrestadas y su extradición a España exigida a las autoridades lusas. Huyeron de nuevo, esta vez a Buenos Aires, con el dinero que les proporcionó la única exclusiva que vendieron en su vida (seguramente, una de las primeras de la historia del periodismo gráfico): un retrato en el que aparecían juntas, como el matrimonio que eran. Sabedores como eran los argentinos del caso por medio de las revistas, la vida en Buenos Aires no fue nada fácil y ambas fueron obligadas a separarse. Mientras en España mucha gente se forraba con su historia (se publicaron cientos de artículos, se vendieron miles de revistas, e incluso se editó una novela erótica), Elisa y Marcela se vieron obligadas a vivir su historia de amor a escondidas y a malcasarse, Elisa en este caso, con un señor mayor del que poder heredar lo más rápido posible. A pesar de todo esto, su matrimonio nunca fue anulado y aún hoy sigue siendo válido.
Hay un libro muy bonito donde cuentan esta historia y que puedes adquirir AQUÍ. Existe también el proyecto de una película dirigida por Isabel Coixet, que de momento sigue siendo eso, un proyecto.
Aunque nunca supimos si, una vez escampó el huracán periodístico que produjo su historia, Elisa y Marcela pudieron volver a vivir juntas como pareja, anónimas y felices como aquel primer día, veinte años atrás, en el que se habían enamorado de quien no debían.
Porque eso es lo bonito del amor: que no entiende, ni entenderá jamás, de deberes, ni de géneros, ni de razas… El amor solo entiende de sentimientos.
Artículo originalmente publicado en la columna de La Oveja Rosa en Universo Gay.



Me encantan tus pasajes de la historia, me recuerdan a La Rosa de los Vientos y mis tiempos trabajando de noche. Viva la historia, y más si te enseña cosas 😉😄😘
ResponderEliminarMuchas gracias por comentar! Seguiré contando historias y seguiré aprendiendo de ellas.
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