Crítica de Victor Frankenstein, de Paul McGuigan. Por Gaby Rayo

Cuando tu mente evoca  a Frankenstein siempre hay tendencia a pensar en un ser inerte sin emociones compuesto de retazos que fueron extraídos desde cuerpos rígidos. Sin embargo en esta re-invención que está dirigida por Paul Mcguigan, nos traslada a un Londres victoriano y frío que halla su diversión en la recreación circense que se vuelve vejatoria hacia uno de sus miembros (Daniel Radcliffe). El jorobado, que es usado como diana de burlas e insultos,  usa la ciencia y el amor por una trapecista como escape. Así un desgraciado accidente le llevará hasta su creador, Víctor Frankenstein (James McAvoy), un hombre cuya  vida solo está dedicada a la medicina y a la admiración por la belleza del cuerpo humano.

Un film que no da lugar a las comparativas con sus antecesoras puesto que la visión de Igor lo hace todo más poético y romántico en la forma que éste tiene de ver la anatomía humana, que en ciertos puntos del film choca de lleno con la visión más pragmática de un genio carcomido por la culpa, Frankenstein.

Entre ambos se creará un vínculo basado en la admiración mutua, en la ambición de los dos por la evolución humana. El propio Igor vivirá una metamorfosis que va desde lo más físico hasta la expresión de sus ideas y sentimientos.
Dentro de sus visiones caladas en lo meramente científico estará  el antitético inspector Turpin (Andrew Scott), un hombre justo que usa a la fe y el dogma como acicate particular para perseguir al doctor Frankenstein. Dos mundos yuxtapuestos que solo coincidirán es su obstinación por mostrar a la otra parte que la suya es la verdadera forma de crear vida.

La fotografía y el escenario son algunos de los alicientes más influyentes del film ya que te sumergen de lleno en el mecanismo del cuerpo, de sus órganos vitales y de sus imperfecciones. Técnicamente hablando, es un film que gana peso en escenas como las de la huída de Igor del circo, donde todo se ralentiza para dar un efecto de danza. Al igual que ocurre en la escena final, ya archiconocida por cualquier espectador de cine que haya presenciado otras entregas cinematográficas sobre el Doctor Frankenstein y su ilustración de la restauración de la vida.

Continuando con la parte técnica,  donde las actuaciones de los protagonistas se saldan con un James McAvoy extremo y poderoso en algunas escenas, especialmente a la hora de defender sus ideas frente a los demás impregnados de vehemencia y de la ceguera que también otorga la ciencia. Nada desmerece el joven Daniel Radccifle, aunque se queda en la superficie de su personaje que en ciertos momentos tiene menos muestra de sentimientos que el propio Prometeo, la creación magnánima de Víctor.


Una adaptación cuyo mayor potencial está en la parte técnica y visual en un intento por dotar de razones y un pasado al doctor Frankenstein, de hacerle algo más humano mediante la amistad que él e Igor enlazan. Sin embargo se detectan ciertos puntos flojos en un guion que no ahonda del todo en la mayor motivación de Frankenstein y su continúa búsqueda del equilibrio entre la vida y la muerte. El nuevo matiz que se le puede otorgar a esta versión moderna de Frankenstein reside en que la máxima creación de Víctor no es el súper hombre venido del mundo de los muertos, si no su ayudante y amigo Igor.



Victor Frankenstein se estrena el 15 de abril de 2016 en los mejores cines de España. 

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