Mi crítica de "Lejos del Mar", de Imanol Uribe.
El Universo, en su eterno zigzagueo, puede hacer que vivamos
situaciones increíbles y encuentros inesperados. En la última película de
Imanol Uribe, la cosa empieza con uno de estos zigzagueos. Un etarra
excarcelado por el fin de la doctrina Parot, sale de la cárcel de Soto
veintitantos años después de ingresar en prisión y, mira tú qué casualidades de
la vida, se encuentra con la hija de su víctima.
La historia de “Lejos del mar” se desarrolla en un entorno
maravilloso a la par que desértico, el Parque Natural del Cabo de Gata, en la
provincia de Almería. Marina (Elena Anaya) es médico en un hospital de la zona
y vive allí tranquilamente con su niño y su marido. El marido pasa de ella, y ha
pasado siempre por lo que nos dan a entender a lo largo de la película. Esta chica
vive allí como escondida porque cuando tenía 8 años un comando de ETA mató a su
padre delante de ella y aún no lo ha superado. No habla nunca del tema, pero
está claro que no lo ha olvidado, porque esas cosas son difíciles de olvidar.
El caso es que Santi (Eduard Fernández) tiene reparos en volver a Euskadi al
salir de la cárcel, y se va a visitar a un amigo ex recluso que vive en Las
Negras.
Es así como, de manera fortuita, se encuentran Marina y Santi
y se lía la de dios. No os voy a contar lo que pasa, porque pasa de todo, aunque
también es verdad que mientras ves la película parece que no pasa nada.
Uribe ya había tocado este tema otras veces, en “La muerte de
Mikel” y “Días contados”, películas que a mí me gustaron y que tuvieron su
polémica. Pero con esta se supera en varios aspectos. Si bien he oído decir por
ahí, tras su estreno en San Sebastián, que la historia no es verosímil y que no
conmueve, yo he de decir que a mí sí me ha conmovido. Tiene unos fundidos en
negro de escena a escena que te cortan un poco el rollo y le quitan continuidad
a la historia, pero justo eso es lo que hace que la frialdad del tratamiento del tema te
conmueva. Que no es verosímil, pues claro que no lo es, es una película,
tampoco es verosímil “La muerte de Mikel”, pero no hace falta que lo sea. No hay que
quedarse con eso, hay que quedarse con el dolor de los personajes y con lo bien
que los dos actores que llevan el peso de la película lo han sabido plasmar. El
personaje de Marina con las lágrimas siempre orillando por sus ojos, y el de Santi
con esa frialdad que tienen los vascos y que tan bien ha sabido reflejar Eduard
siendo catalán. Esas vidas destrozadas por un crimen sucedido hace 30 años,
tienen un marco perfecto en el paisaje de Almería, con ese mar que está tan
cerca y, a la vez, tan lejos.
He salido un poco agobiada. Es una película que va a traer
cola seguro. No les va a gustar a los abertzales ni a las víctimas del
terrorismo. Les gustará a los que pensamos que el perdón es un valor moral.
Pero nadie saldrá del cine indiferente. No he podido evitar recordar “La muerte
y la doncella”, de Polanski, mientras veía ciertas escenas, al fin y al cabo el
tema viene a ser el mismo: el encuentro de la víctima con su verdugo.
Entre los actores secundarios cabe destacar la interpretación
de Susi Sánchez, como la madre de Marina, y la de Ignacio Mateos, como Emilio el
amigo de Santi. Y no puedo dejar de mencionar la brevísima aparición de Eva
Almaya, porque ha sido una sorpresa y ya sabéis cómo me gusta la serie “Seis
Hermanas” donde ella participa.
Lo mejor: las interpretaciones de los dos actores
principales. La canción de Javier Ruibal, que me ha encantado.
Lo peor: la llorera que puedes pillar con ciertas escenas.
“Lejos del mar” se estrena el 2 de septiembre de 2016 en los
mejores cines.



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