Sobre los trolls
| Estos trolls sí que molaban |
Hoy vamos a hablar de los trolls. Y no me refiero a esos muñequitos de la mitología escandinava que estuvieron tan
de moda en los 80 y que llevábamos a los exámenes porque decían que daban buena
suerte y te garantizaban el aprobado (mi troll era una monada, tenía el pelo
rosa).
No, yo me refiero a los trolls de Internet. Este tipo de troll virtual
es el (normalmente es un él) que siente placer al sembrar discordia en
Internet. Intenta iniciar discusiones y ofender a la gente.
Este tipo de
personas (todos conocemos a alguno porque hoy con Facebook se les puede identificar), tienen un caldo de cultivo maravilloso en la red. Por lo que sea, no se dan
cuenta de que hieren a gente real. Para ellos, los demás usuarios de Internet
no son del todo humanos, sino una especie de abstracción digital. Como resultado,
no sienten ningún tipo de pena por el dolor que infligen. Es más, cuanto mayor
sea el sufrimiento que causan, mayor es su logro (tal y como lo ven ellos). De
momento, el relativo anonimato de la red permite que florezcan los trolls, pero
como he dicho antes, ahora todos tenemos algún “amigo” del Facebook que es uno
de estos trolls y anda siempre tocando el moño con comentarios fuera de lugar o
post ofensivos en sus propios muros, siempre bien visible para que los leamos
los demás.
Y no te quiero ya contar si eres un personaje famoso. Tenemos el
caso de la escritora Lucía Etxebarría, por ejemplo. La chica levanta pasiones, tanto para
bien como para mal. La única forma de entender que alguien pueda tomarse la
molestia de seguirle en las redes sociales con el único fin de insultarla y
molestarla, es entendiendo que la vida está llena de psicópatas, y los
psicópatas también están en internet.
Los últimos estudios realizados
por psicólogos de las universidades canadienses de Manitoba, Winnipeg y British
Columbia, han confirmado que su maldad no se da únicamente en internet, y que
el rato que pasan tecleando podría ser
un respiro para la gente de su entorno. Estos matones de las redes se comportan
de igual forma también en la vida real, es decir, trolear online es sólo una
manifestación más de su maldad, que se daría en otras muchas facetas de su
vida.
Los trolls son completamente
insensibles a las críticas (constructivas o no). No puedes negociar con ellos;
no puedes hacerles sentir vergüenza o compasión; no puedes razonar con ellos.
No se les puede hacer sentir remordimientos. Por alguna razón, los trolls no
sienten que estén obligados a seguir las normas de cortesía o responsabilidad
social. Quizás esto suene inconcebible. Seguramente estarás pensando que algo
habrá que puedas escribir que les haga cambiar. No, un
auténtico troll no puede ser cambiado mediante meras palabras.
Cuando llevas muchos años
navegando por la red no te afectan los trolls, no se puede hacer un picnic sin
hormigas. Pero muchas otras personas no lo pueden soportar y conozco muchos
casos de personas que han tenido que cerrar sus cuentas de twitter o Facebook
por no poder soportar el acoso.
En el estudio del que hablábamos
antes, el trabajo de los investigadores se realizó en dos pasos: primero se
realizaron una serie de test entre una amplia muestra de internautas, los
científicos lograron identificar que el 5,6% de los sujetos estudiados no tenía
tapujos en reconocer que disfrutaba troleando a los demás. Los investigadores
admiten que quizá la muestra no sea lo suficientemente grande para asegurar que
ese es el porcentaje aproximado de trolls que navegan en la red, que vendrían a
ser uno de cada diez comentaristas activos de webs, foros y redes sociales,
puesto que solo la mitad de la gente que anda por internet es activa, la otra
mitad solo lee lo que escriben otros.
"Los trolls dedican un
promedio de 11 horas a la semana a sus actividades de troleo", señala la
investigadora Erin Buckels. En sus registros destaca un individuo que reconoció
pasar 79 horas a la semana troleando; para entender la dimensión de esa cifra,
baste imaginar que ese sujeto dedica a sus maldades el doble de una jornada
laboral semanal al uso. Si librara los fines de semana, en el momento en que
usted apaga el ordenador en su oficina, él empezaría sus segundas ocho horas de
maldad internáutica.
En un segundo paso se
consiguieron identificar las características más sobresalientes de la personalidad
de estos peligrosos personajes, sobre todo porque destacaban notablemente
frente al resto de comentaristas online estudiados. Así, los aspectos de su
conducta coincidían con los cuatro rasgos más oscuros de la personalidad:
psicopatía, narcisismo, maquiavelismo y sadismo. Aunque la correspondencia de
los trolls con estos rasgos era muy importante, la que más claramente se
identifica con este colectivo es el sadismo, según los psicólogos que
realizaron el estudio.
Los trolls son sádicos en sus dos
variantes: sadismo directo, al disfrutar provocando daño a un tercero, y
sadismo indirecto, que se manifiesta por ejemplo al gozar con chorros de sangre
realistas en los videojuegos. Disfrutan viendo sufrir a la gente, de ahí que el
título del estudio sea Los trolls solo quieren divertirse, como la canción de
la Lauper que decía que las chicas solo quieren divertirse.
La mayoría de sádicos se conforma
con fantasear con la crueldad, disfrutándola en la distancia y sin correr el
riesgo de ser castigado. "La acción directa es mucho más arriesgada",
explica Buckels, que considera el sadismo indirecto, a través de películas,
videojuegos, etcétera, una forma segura de satisfacer ese apetito de crueldad.
"Desde nuestra perspectiva, trolear es otra manera de satisfacer este
apetito sin el riesgo de los castigos de la vida real. Se encuentra en algún
punto intermedio entre las formas directas e indirectas de sadismo porque
inflige el daño directamente, pero desde la distancia", resume la
psicóloga de la Universidad de Manitoba.
No se trata de que los trolls
sean unos sádicos vagos o cobardes. Porque es más que probable, en palabras de
Buckels, que estos acosadores también estén "usando sus talentos
offline", es decir, en su relación directa con las personas, más allá de
las pantallas del ordenador o el móvil. Este troleo tangible podría moverse
desde el acoso laboral hasta la afición por las bromas de mal gusto.
Una de las leyes más conocidas de
internet es "no alimentes al troll" (don’t feed the troll, en su
versión original en inglés): esto es, no le respondas, no entres a su juego,
porque de ese modo sólo consigues activar su sadismo y darle disfrute, con lo
que no te librarás nunca de su hostigamiento. Pero a la luz de los resultados
de este estudio, quizá merezca la pena tener al psicópata distraído ante el
ordenador.
Si un sádico pierde 79 horas
delante del ordenador, casi no le quedaría tiempo para hostigar a la gente de
su entorno, por lo que la pregunta que se plantea es evidente: ¿si se
entretienen en la red, dejan de molestar de forma directa a otras personas?
Buckels reconoce que esa es precisamente su actual línea de trabajo. "Es
posible que trolear sacie el apetito del sádico", reconoce. "Si esto
es así, en efecto, creo que deberíamos dejar que troleen online porque las
alternativas podrían ser mucho peores", señala la psicóloga.
Con esto llego a la conclusión de
que estás haciendo un gran bien social si entretienes a tus trolls en tu blog, Facebook
o twitter, dales carnaza (comentarios o respuestas) para que se distraigan y no
acosen a otra persona. Alimenta a tus trolls para así evitar males mayores.
No obstante, el nivel de sadismo
que pueden alcanzar algunos de estos acosadores empieza a resultar muy
preocupante, como sucediera con Isabella Sorley y John Nimmo, una pareja de
trolls británicos, tras asediar por Twitter a una activista feminista. Los
mensajes con los que la acosaban, con amenazas de violación incluidas,
terminaron por costarles sendas condenas a varias semanas de cárcel.
Esto puede deberse a que obtener
triunfos online puede envalentonar peligrosamente a los sádicos, según reconoce
Buckels: "También es posible que tener éxito en la red fortalezca el ansia
de sufrimiento… haciendo que quieran causar más daño y llegando a una crueldad
más extrema".
Así es que lo dicho, cuida de tus trolls, mejor tenerles controlados a que anden por ahí haciendo barbaridades. Pero si se pasan de la raya, denuncia, es probable que acaben en la cárcel.



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